La vida
Sucesión de inicios
Juega naipes con
La muerte
Repetición de finales.
La vida y la muerte
Asumen sus roles de
Eternas rivales y
Se entretienen
Jugando barajas
Y nosotros
Somos el mazo.
La escarcha no puede
Apagar el fuego de sus ojos
Rojos de humo blanco.
El frío cala sus huesos.
(Ya no lo perfora).
Un prolongado beso ardiente
Le da a la ginebra amiga
Que Julita hoy consiguió
Y que siembra brasas en su sangre.
(Un poco / solo un poco lo estremece).
Los cartones y los diarios húmedos
No lo seducen a dormir.
Entre el frío y el hambre
Nada queda para soñar.
(Sueño / vigilia son lo mismo).
La helada llovizna arrastrada
Por el lacerante viento
Las lágrimas hacen caer
Apagando el último cigarrillo.
(¿Será gélido el infierno?).
Hoy salieron a la calle
A descubrirte horrorizados
Llenos de miedo y vergüenza.
¡Sí! Descubrieron pobres…
(Ni la crueldad lo asombra)
Osvaldo Rosembach/07
Navidad / Año Nuevo
Hay que festejar la Navidad y el Año Nuevo
Una cruzada de hipocresía se acerca.
Llueven deseos de felicidad
De los vecinos intratables
Parientes detestables
Conocidos / pseudos amigos
Toda esta fauna en un puchero hirviendo.
¿Por qué tengo que festejar?
¿Qué tengo que festejar?
¿El rodar en llantas del mundo?
¿La sangre del lobo que me salpica?
¿La mosca que jode y no espanto?
¿Las miserias propias y ajenas?
¿La apócrifa felicidad de una moneda?
¿La llegada de Cristo o su crucifixión diaria?
¿La masacrada esperanza?
¿El ghetto dónde resiste mi ideología?
En fin / como siempre
Me uno al rebaño.
Levanto mi copa una vez más
Y brindo por mi hipocresía.
Dicen que el otoño
Dicen que el otoño…
Fue testigo cuando en marzo
Como una hoja
Cayó al suelo polvoriento
El frágil cuerpo
De la niña muerta.
Dicen que el otoño…
Vio al tibio sol impotente
Dejando helar
Las suaves mejillas
De la niña muerta.
Dicen que el otoño…
Dejó que el perseverante viento
Batiera el castaño cabello ligero
De la niña muerta.
Dicen que el otoño…
Permitió que el árbol
Apesadumbrado liberara
Una quebradiza hoja
Que en libre caída
Fue a perecer muy cerca
Del cuerpito
De la niña muerta.
Dicen que el otoño…
De la niña no se olvida
Y en cada marzo ambarino
Cubre de hojas pardas
La triste tumba blanca
De la niña muerta.
Dicen que el otoño…
Ordena a los árboles
Que estremecidos acatan
Enviar en marzo compañía
A la niña muerta.
Dicen que el otoño…
Mustio permanece
Al escuchar el
Tarareo melodioso por
Las tardes solitarias
De la niña muerta.
Dicen que el otoño…
Llora con la llovizna
Y acompaña mi sufrir
En cada marzo doloroso
Cuando visito la tumba
Dejando una flor
Junto a las hojas secas
Que tributamos
A la niña muerta.
Miedo
Ya estuve en él
Tampoco a la muerte
Estuvo aquí.
Solo me estremece
La posibilidad
De no poder
Mirarte a los ojos.
Malos tiempos
Malos tiempos por estos sitios
Donde
Los niños olvidaron los juegos
Las chicas no se enamoran
Los ancianos transfieren tristezas.
Donde
El nacimiento es condena
La vida abarrotada celda
La muerte emancipación esperada.
Donde
La mañana se deshabitó de silbidos
La tarde extraña la charla
La noche se colmó de llanto.
Mis muertos
Recuerdos
Telar de ausencias
Teje idas dolorosas
Crueles y definitivas.
Artificio de inmortalidad
Me miente por las tardes
Acercándome tu falsa presencia.
Rocío del alma
Humedecen la huella
Que adrede deja tu ausencia.
Sombra persistente
Persigues mis pasos
Que apurados no logran extraviarte.
Camino enmarañado
No te recorro solo
Cada día
Son más los muertos que lloro.
Libros y libros
En este mundo que nos toca vivir hay una acrecentada tendencia hacia lo pragmático, en el cual queda poco espacio para la creación despojada de intereses lucrativos. Al sistema le es más útil un mero manual sobre informática que un ejemplar de "Ficciones" (un mero ejemplo), esto se debe a la sencilla razón de que el manual nos instruye a obedecer órdenes y pautas para llevar a cabo una actividad preestablecida y de esta manera conducirnos al sometimiento y a la alienación; en cambio “Ficciones” o cualquier otro libro de cualquier otro autor de características análoga nos lleva a nada mas ni nada menos que a pensar, y así, a tener sueños e ideales y a poner en duda algunas verdades absolutas.
En este mundo que transitamos tampoco hay lugar para albergar a los poetas, ya que estos “desdichados” no encajan en las reglas que el mercado impone, los poetas nada venden ni nada compran, sino que ofrecen y reciben cosas sin valor para este “mundo práctico”, como el amor, la esperanza, los sueños, la fantasía y la permanente inclinación a dudar y a disentir sobre las verdades absolutas.
A pesar de todo lo apocalíptico que se presenta el futuro, tengo la fuerte expectativa que este sendero conducente a lo utilitario se bifurque llevando a la humanidad hacia un mágico lugar donde encontrará en las gradas de un castillo de naipes a un niño asombrado leyendo “Las mil y una noches”.
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